domingo, 20 de julio de 2014

La maduración profesional

Se da en nuestra profesión una lamentable y triste situación que por un lado lleva a frustrar la vocación de un@s y por otra pone en riesgo la esperanza y la inversión de otr@s.

La cuestión es la dificultad que tienen l@s profesionales, tras adquirir la formación adecuada, para acceder a un puesto de trabajo que les permita madurar los conocimientos e incrementar las horas de prácticas en centros gestionados por profesionales de la peluquería canina mas experimentados.

La ocasión de seguir evolucionando habitual en otras profesiones se ve frustrada por la escasa capacidad de contratación de ayudantes en las peluquerías caninas ya establecidas debida a la competencia de clínicas y tiendas que son las que concentran la mayor parte de la oferta laboral del sector.

Esta situación les obliga a aceptar un puesto de trabajo para el que aún no están suficientemente preparad@s, someterse a una dirección y unas exigencias por parte de personas ajenas a la profesión y unas condiciones laborales que favorecen a la parte contratante en las que a menudo han de compatibilizar su trabajo como peluquer@s canin@s con la asistencia en la clínica o las tareas propias de una tienda de animales.

Es triste comprobar como personas con una gran vocación y buena mano para el cuidado animal acaban quemándose y abandonando su sueño o lanzándose a la aventura de iniciar su propio negocio invirtiendo los medios que pueden reunir en una lucha por la supervivencia empresarial en dura competencia con centros en los que al ser esta una actividad complementaria pueden permitirse ofrecer tarifas muy bajas o con quienes deciden trabajar por su cuenta y al margen del sistema.

Como formadores de nuevos profesionales desde hace años hemos asistido y seguimos asistiendo al momento en el que se enfrentan al vacío posterior a la finalización de su curso, a la necesidad que tienen de continuar, de madurar su formación y la incapacidad para integrarse en un centro especializado, a la frustración que supone en el mejor de los casos enfrentarse desde la inexperiencia a un puesto de trabajo en el que la exigencia es el tiempo de servicio por encima de la calidad o el bienestar del animal, a ofertas laborales en condiciones dudosas en las que ante cualquier queja se les ofrece la salida ya que para el contratante no es mas que otr@ posible candidat@ de l@s much@s que esperan tras la puerta.

Resulta lamentable también comprobar como en numerosas ocasiones los servicios de peluquería canina son realizados por personas sin la preparación necesaria y cuyo aprendizaje se ha basado principalmente en la imitación de las prácticas realizadas por quien le precedió en el puesto, sin una base formativa que le permita comprender lo adecuado o inadecuado de sus prácticas.

Solo se puede considerar profesional de la peluquería canina quien se preocupa de aprender continuamente sobre nuestra actividad, de evolucionar, de mejorar la técnica y los conocimientos de forma que el servicio de peluquería se realice con la seguridad, la calidad, el compromiso y el respeto que les debemos a los animales a nuestro cuidado y a quienes nos los confían.

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